Biografía
La pintura de Santiago García Sáenz (Buenos Aires, 1955-2006) cultivó desde sus comienzos una sensibilidad capaz de mezclar el mundo de lo cotidiano de cierto costumbrismo y la fantasía de los estados extáticos para construir un lenguaje plástico figurativo capaz de oscilar entre lo real y lo icónico sin solución de continuidad. El impacto de su fe católica le insufló a su trabajo una ética de la imagen muy particular: la presencia de los géneros sacros y de escenas bíblicas en su pintura introducen el problema del cuerpo castigado y la luz como fuerza redentora. Su pintura se presenta como un modo de recuperar una iconografía de memoria, pero también para poner en escena la experiencia del propio cuerpo. Esto servirá no solo para reproducir escenas de viajes, paisajes o figuras de la autoctonía americanista, sino también para que las imágenes sacras se vean teñidas por la lógica barroca del recuerdo, del sueño o del éxtasis. Esta poética le permitirá también ensayar con medios más allá de la pintura convencional como el mural público, la confección de disfraces y la realización de acciones como procesiones de estandartes y la instalación de volúmenes pintados (tondos, biombos, esculturas, retablos, pesebres).
En su serie Te estoy buscando América sobreimprime escenas religiosas en miniatura con un folklore a medio camino entre real e imaginario, como efecto de sus sucesivos viajes por Latinoamérica (Brasil, Bolivia, México, Ecuador, y sobre todo, Paraguay su geografía selvática, su legado jesuita y su versión del barroco americano). En paralelo desplegó una sensibilidad muy atenta a los sucesos contemporáneos (La Guerra de Malvinas, el atentado en la sede de la AMIA en Buenos Aires, entre otros). Las series de figuras del mártir y el cuerpo herido, concebidas en simultáneo, van a completar esta respuesta a la situación finisecular que tiene a la VIH/Sida y a la crisis social como dos dimensiones constitutivas de su presente. Sobre el final de su carrera, la pintura de García Sáenz ganará cada vez más aplomo y comenzará un nuevo ciclo vital en el que se suman y sintetizan buena parte de los elementos de su trayectoria. Por un lado, comienza a trabajar con el autorretrato de pintor y retratos de infancia entre otros géneros autobiográficos en donde se lo ve siempre rodeado de imágenes. Por el otro, produce una serie extensa de cuadros barrocos en el que conviven ruinas jesuitas, exuberantes escenarios verdes, verticales entornos urbanos, arquitecturas sacras, con pequeños personajes beatos.
Su obra ha sido expuesta en numerosas instituciones dentro y fuera de Argentina, como el Museo Nacional de Bellas Artes; MALBA – Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires; Museo de Arte Moderno de Buenos Aires; Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco; Centro Cultural Recoleta; Museo de Bellas Artes de Salta; Centro Cultural Ricardo Rojas; Museo del Barro; entre otros. En 2021, la Colección de Arte Amalia Lacroze de Fortabat presentó Quiero ser luz y quedarme, una exposición antológica curada por Pablo León de la Barra y Santiago Villanueva, acompañada de un catálogo con obras y ensayos.
Su obra forma parte de colecciones institucionales como el Guggenheim Museum (Nueva York), Centre Pompidou (París), Museos Vaticanos (Ciudad del Vaticano), Museo del Barro (Asunción), Museo Nacional de Bellas Artes (Buenos Aires), MALBA (Buenos Aires), Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, Fundación Federico Jorge Klemm (Buenos Aires), Colección AMALITA. Colección de Arte Amalia Lacroze de Fortabat (Buenos Aires), Museo Provincial de Bellas Artes Dr. Juan R. Vidal (Corrientes), Museo Casa Arias Rengel (Salta), y colecciones privadas de Argentina, Estados Unidos, Paraguay y Brasil, entre otros.