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HOMENAJE SANTIAGO GARCÍA SÁENZ EN EL BELLAS ARTES

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PRÓXIMA EXHIBICIÓN EN HACHE GALERÍA

 

Hache galería presenta la segunda una exhibición individual de Santiago García Sáenz (Buenos Aires, 1955–2006) en la galería, con curaduría de Francisco Lemus, acompañada de una publicación con textos inéditos de Francisco Lemus y Paulo Miyada.
La muestra reúne obras de distintas etapas de su producción para revisar el lugar singular que su pintura ocupa en el arte argentino de los años noventa. En una década dominada por la imagen secular y contemporánea, García Sáenz sostuvo una práctica de contenido social y religioso: composiciones de fuerte impronta narrativa donde lo sagrado y lo cotidiano, lo indígena y lo criollo, la fe y el cuerpo enfermo conviven en una misma superficie.

ArPa 2026: Santiago García Sáenz solo show

Hache galería  presenta un solo show dedicado a Santiago García Sáenz (Buenos Aires, 1955–2006), uno de los pintores más relevantes de su generación, en el año en que se cumplen veinte años de su muerte.

Figura central de la pintura argentina de las décadas de 1980 y 1990, García Sáenz desarrolló un lenguaje singular que entrelazó espiritualidad, cultura popular y tradición latinoamericana. Su obra —de fuerte carga simbólica y compromiso social— reúne imaginarios religiosos, escenas de la vida cotidiana, cuerpos vulnerables, figuras marginales y héroes anónimos, abordando temas como la intolerancia sexual, la violencia simbólica y el VIH/Sida. Leído muchas veces como un «pintor religioso» o reducido a la etiqueta de «naïf», su trabajo excede esas clasificaciones. La fe aparece en sus telas menos como dogma que como un terreno de contradicción, deseo, culpa, cuidado y comunidad. A través de composiciones de gran potencia narrativa y afectiva, García Sáenz explora cómo lo sagrado convive con lo doméstico, lo popular y lo disidente —abriendo una zona de fricción entre iconografía católica, memoria personal y política de los cuerpos. Su obra integra colecciones de instituciones como el Solomon R. Guggenheim Museum (Nueva York), el Centre Pompidou (París), el MALBA, el Museo Moderno y el Museo Nacional de Bellas Artes (Buenos Aires), entre otras.

La selección de obras propuesta para ArPa articula tres ejes centrales de su producción: la construcción de una sensibilidad latinoamericana atravesada por lo popular y lo devocional; la martirización de los cuerpos disidentes; y la naturaleza como espacio de libertad, refugio y redención. Esta presentación funciona al mismo tiempo como homenaje y prólogo —anticipando una exposición conmemorativa en la galería y un amplio programa de acciones en torno a su obra a lo largo de 2026.

Consideramos que estas dimensiones resuenan directamente con debates presentes en la escena brasileña —entre religiosidad y política, memoria de la crisis del Sida, luchas LGBTIQ+ y la relación entre arte y comunidades periféricas— abriendo un campo fértil de diálogo entre Buenos Aires y São Paulo, y una oportunidad de insertar su obra en el mercado y en la conversación crítica del Brasil.

Este solo show es parte del compromiso de largo plazo que Hache mantiene desde 2013 con la revisión y relectura de trayectorias históricas, en paralelo a su trabajo con artistas vivos. La galería se interesa por prácticas que se involucran con las transformaciones políticas, sociales y culturales de la vida contemporánea, y actúa en diálogo permanente con instituciones, investigadores y coleccionistas para que estas producciones circulen y encuentren resonancia tanto en la escena local como internacional.

Santiago García Sáenz: del atentado a la AMIA al reconocimiento en Bellas Artes

A 20 años de su muerte, familiares y amigos rindieron homenaje a García Sáenz en el MNBA, donde su obra se exhibe como parte de un esfuerzo por preservar su memoria artística.

Una exposición en la galería Hache explorará obras inéditas de García Sáenz, con foco en su universo artístico y su conexión con temas sociales.

Para fines de los años 90, el universo artístico de Santiago García Sáenz (Buenos Aires, 1955- Buenos Aires, 2006) reflejaba su vuelco hacia el misticismo y la religión. En 1994, el estruendo del atentado a la AMIA, que sintió desde su taller situado en Uriburu y Lavalle, lo impactó de tal manera que cuatro años después quedó plasmado en un óleo en el que se representó a sí mismo en su taller, junto al edificio en escombros, envuelto en un vapor onírico y desgarrador.

A 20 años del fallecimiento de García Saenz, su obra “Sufriendo la intolerancia el 18 de julio de 1994” (1998) pasa a formar parte del acervo público de arte más importante de nuestro país. Gracias al impulso de la galería Hache y al estate del artista, se realizó su incorporación al Museo Nacional de Bellas Artes este lunes 27 de abril. La obra estará exhibida hasta fines de mayo en el hall de entrada del museo.

Más de 50 amigos y allegados acudieron al gran homenaje. Andrés Duprat, director del MNBA, el hermano del artista Diego García Saenz y su amiga Adela Rodríguez Larreta le dedicaron unas palabras.

Andrés Duprat, que conoció personalmente a García Saenz, manifestó su agradecimiento a quienes hicieron posible la donación. “Es una obra magnífica o, como decimos en la jerga, es una obra de museo, por el tamaño y la temática que toca, es una obra clave y acá va a estar muy bien custodiada” remarcó, destacando la importancia de preservar la memoria visual de la Argentina. “La obra de Santiago está en otros museos importantísimos como el Guggenheim de Nueva York, el Pompidou, el Klemm, la colección Fortabat, el Moderno, así que era un paso natural que también esté representado en nuestro querido MNBA” agregó.

“Santiago estaría profundamente conmovido de ver su obra aquí, de alguna manera sentimos que estamos cumpliendo un sueño suyo” expresó su hermano. El homenaje marca el inicio de un programa de actividades para expandir el legado del artista, entre las que se encuentra una exposición de obras inéditas en la galería Hache, con curaduría de Francisco Lemus, en julio.

Antes, a fines de mayo, la misma galería llevará un solo show a la feria Arpa de San Pablo, un evento que impulsa declaradamente la internacionalización de su obra. En su tierra ya es profeta: en este momento, además de Bellas Artes, sus obras se pueden ver en Buenos Aires en la exposición por los 30 años de la Fundación Klemm y en la muestra Moderno y Metamoderno: Edición 70º Aniversario, en el Museo de Arte Moderno.

Artista prolífico y gaucho urbano, sus pasiones eran la pintura y el campo. Nacido en el seno de una familia católica, transitó por diferentes periodos. Sus series más populares son “Cristo en los enfermos” inspirados en las visitas que realizó junto a Liliana Maresca a clínicas donde eran hospitalizadas personas con VIH y “Te estoy buscando América”, en la que exploró diferentes geografías latinoamericanas. Su historia, acompañada de sus pinturas, la contó en Ángel de la guarda: 50 años de compañía, un libro autobiográfico que fue publicado poco antes de su muerte.

A fines de los 80, al contraer VIH y sufrir la muerte de varios de sus amigos, volvió a la religión y algo que se reflejó en su obra. Pero su trabajo trasciende la categoría de pintor religioso: desarrolló un universo propio y reconocible plasmado con una paleta única.

La serie a la que pertenece esta obra retrata intolerancias políticas, religiosas y sexuales, siempre bajo una luminosidad especial. “La iconografía religiosa la utiliza para hablar de los grandes dolores de la humanidad. Su pintura no es religiosa per se, es un punto de partida desde lo espiritual para hablar de grandes temas como la crisis del sidao el atentado a la AMIA” resumió Silvina Pirraglia, una de las directoras de la galería Hache, que se ocupa de su legado desde 2012.

La galería permite que el público pueda acercarse al extenso archivo de García Sáenz: tintas del 73 al 82, madera y otras materialidades hasta el 92 y óleos sobre telas en diferentes formatos que pintó hasta el día de su muerte. “A Santiago no se lo puede encasillar, es atemporal” sostuvo Herminda Lahitte, también directora de la galería.

Sus amigos Adela Rodríguez Larreta y Germán Carvajal compartieron con Clarín Cultura sus anécdotas acerca de la última noche con vida del artista. El 29 de marzo de 2006, terminaba una exposición en Bacano y Germán recordó que hubo un momento divertido en que quisieron ir a cenar y tuvieron que rebuscárselas para conseguir plata. Su última imagen de Santiago fue despedirlo en Alvear y Libertad. A las horas, su hermano les comunicó la noticia de su fallecimiento. Adela conserva su última foto, sacada momentos antes en la galería, junto a un cuadro que ella acababa de comprar.

Veinte años después, la alegría de aquellas reuniones no se extingue. Solían reunirse en el taller de Santiago, “el rancho urbano”, que quedaba un edificio antiguo y muy deteriorado. “Entrabas y era un lugar increíble, uno diría que estaba en cualquier lugar en vez de en medio de la ciudad. Era fantástico “ recordó Adela. “Tenía sapos. Yo le regalé uno una vez para su cumpleaños, se llamaba Fernández. Y cada 25 de mayo hacía un copetín, reunía multitudes en el taller y cocinaba empanadas”.

Lo retrataron como una persona sociable pero reservada. “Lo cargábamos diciendo que tenía más cambios de ropa que Mirtha Legrand” rememoró Adela. En las inauguraciones de Ruth Benzacar, donde trabajó en su juventud, a veces vestía de manera estrafalaria, como por ejemplo de Batman, según contó Germán. “La tuvo difícil, pero tenía una convicción profunda de su obra y de su condición americana. Siempre hospitalario y generoso, era muy agradable estar con él” concluyó Germán.

Por su lado, el artista Roberto Fernández, que convivió durante cuatro meses con él realizando el libro No Matarás, lo recordó como “un ser maravilloso”. “Me alegro de que su obra madure de esta manera” agregó.

Adela atesora un recuerdo en particular. Días después del fallecimiento de Santiago, visitó el rancho urbano y puso play en la casetera. Acto seguido, empezó a sonar la voz de Nick Cave, en la canción «Into My arms». Se sorprendió cuando la coordinadora artística del museo, Mariana Marchesi, le comentó el día del homenaje que estaba escuchando esa misma canción. Para Adela, las coincidencias y señales en torno a su amigo son constantes. “Algo sigue pasando con el ángel de Santiago” aseguró sonriente, con la obra de su amigo de fondo, entre los flashes y el sonido de las copas al brindar.

CELESTE SIARRUSTA
Clarín
29 de abril 2026

García Sáenz, el cuadro desgarrador sobre la Amia que podría ir al Bellas Artes

Estalla la carnicería en la Amia y es apenas un detalle que, a pocos metros de allí, tiemble el edificio de Uriburu y Lavalle, donde tiene su taller el pintor Santiago García Sáenz. Nacido en 1955, pertenece a la generación de artistas nucleados alrededor del Centro Cultural Rojas. Él es gay, supo poco antes que se ha contagiado el HIV y está camino a reconciliarse con su catolicismo de origen y una familia ligada al Opus Dei. Lo contendrán hasta el final. que lo contiene hasta el final. En los años 90 está inmerso en la serie de pinturas «Cristo en los enfermos», inusualmente cargada de simbología religiosa y que no hace diferencias en torno de los sufrientes en el dolor. García Sáenz murió en 2006 en su cama y sin agonía, en casa de sus padres, debido a un infarto masivo. Su familia cree que los cócteles antivirales influyeron en ello. Dos días antes había inaugurado una muestra en el espacio Baccano, de Palermo.
En 1998 completa «Sufriendo la intolerancia, el 18 de julio de 1994», un autorretrato distante en su taller, con la reja histórica del vecindario y la Mutual judía volando por los aires, con un efecto cinético que concentra el dramatismo. Las Estrellas de David y el crucifijo no aparecen como estandartes políticos sino como refugios de identidad privada. Santiago García Sáenz tenía su taller en la calle Uriburu y Lavalle, que aún se conserva, y estaba allí el día del atentado. pero dormía en casa de sus padres.

Se trata de un cuadro poco conocido; fue expuesto en el C. C. Recoleta entre septiembre y octubre de 2000 y una segunda vez en la primera muestra antológica en Colección Amalita, en 2021. Cuenta Diego García Sáenz, uno de sus seis hermanos: “Él era muy consciente de la potencia del cuadro, sabía que iba a trascender, y no fue la única obra que hizo sobre un tema conmocionante. Contemporáneo del conflicto de Malvinas fue el díptico «La guerra» y «La paz». El pintor había manifestado que, por su temática nacional, imaginaba el cuadro sobre Amia destinado a una institución pública. La obra de García Sáenz se encuentra en importantes colecciones. Ahora la conmemoración de los 30 años del atentado a la Amia activa su relevancia y, según trascendidos, podría ser ocasión para que integre el patrimonio del Museo de Bellas Artes, a través una donación de benefactores. Consultado,
el director del MNBA, Andrés Duprat, dijo no estar al tanto, pero mostró gran entusiasmo: “Llegué a conocer al artista y su obra es fabulosa”. Sin embargo, podría salir a la venta en el próximo arteBA.

Hace una década, en 2014, el Bellas Artes, a través del curador principal Roberto Amigo, había puesto fecha a la aceptación de la donación de la obra sobre la Amia. No se trataba entonces –ni se trata– de un gasto para la institución. Quizá porque la iniciativa había surgido durante la gestión de Liliana Cardillo, interventora directa de Cristina Fernández en el Museo, las tratativas quedaron suspendidas en la nueva gestión de Duprat. En la Asociación de Amigos tampoco han sabido del empeño. Varios benefactores podrían encontrar la solución en el programa de adquisiciones institucionales, en el marco de la feria arteBA, que tendrá lugar en agosto. Interés por las estéticas queer motivados por los reclamos de inclusión y las relecturas de la historia, hoy muchos grandes museos se embarcan en reconstruir los orígenes y devenires del arte queer y en indagar las estrategias artísticas vinculadas puntualmente a la conmoción que produjo la epidemia de HIV. Así, han revalorizado el patchwork como un género de la memoria a partir de las masivas marchas en los EE. UU. García Sáez, al igual que Liliana Maresca y el paraguayo Feliciano Centurión, que tuvo su gran expo en Americas’ Society, de Nueva York, hoy están en el foco de exposiciones e investigación curatorial.
En nuestro país, El Moderno ha sido el más sistemático en cubrir ese vasto horizonte del arte en las últimas décadas del siglo XX. La Colección Amalita, en Puerto Madero, dedicó a García Sáenz una inolvidable (y primera retrospectiva) en 2021. Hay tres obras suyas en su patrimonio; el artista ganó el Premio Pintura Joven de la Fundación Fortabat en 1998.
La galerista Herminda Lahitte, responsable de Hache junto a Silvina Pirraglia, lleva un legado de casi 600 obras de García Sáenz, entre pinturas y dibujos. En ARCOmadrid 2022, la galería ofreció un solo show de gran calidad, que llevó a compras institucionales del Museo Pompidou y de Eduardo Costantini. Justo antes de la pandemia, el Moderno había comprado un San Sebastián suyo de 1994. En 2022 también compró uno la Fundación Klemm.Según Lahitte, el valor del artista está en «cómo resolvió el conflicto del bagaje familiar conservador, con la situación extremadamente conflictiva de enfermarse de HIV, con una síntesis visual que iguala a todos los enfermos en el martirio. La Amia o las Malvinas es parte e ello, no hay distingos». Desde luego, no le parece imposible lograr que esté en el Bellas Artes. Coleccionistas de una asociación judía estadounidense mostraron interés por la obra; ayuda que finalmente no viajarán a arteBA, como se pensaba. La obra vale 32 mil dólares, una cifra muy menor en el mercado internacional.
«Conozco muy bien la obra de García Sáenz, lo he conocido a él incluso y le tenía mucho aprecio», dice Duprat, director del MNBA. «Me parece uno de los grandes artistas de los años 90 en Argentina. Para nosotros sería un lujo contar con una pieza importante de García Saenz; además, tenemos una colección importante de arte argentino de los 90, así que vendría a completar un relato interesantísimo.”

En el MNBA, la simple donación puede llevar un engorroso trámite de aceptación, según el caso. En la Asociación de Amigos cuentan que llevó dos años y medio la aceptación de artefactos arqueológicos de la colección de Mateo Goretti, que hasta debieron atravesar un juicio. Por el contrario, la entrega de un Bracque, perteneciente al diseñador Alberto Churba, fue «razonablemente eficiente». Con los rumores de que la Secretaría de Cultura podría abandonar la órbita de la Ministra Sandra Pettovello –en cámara lenta– y pasar a la esfera de Karina Milei, acaso las iniciativas del MNBA entrarían por fin en modo fast forward.

Matilde Sánchez
Clarín
17 de agosto, 2024